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Melassa Cali: la historia del vendedor de CDs que la policía perseguía y hoy es guardián oficial de la salsa

🏢 Espacio Cultural 📍 Barrio Obrero 🕒 Cra. 11b #24-59
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Sobre este lugar

Hace más de veinte años, un joven payanés criado en Cali corría por las calles del centro de la ciudad cada vez que veía acercarse una patrulla de policía, cargando bajo el brazo su mercancía de CDs piratas. Hoy, ese mismo hombre —conocido en toda la ciudad como "Julián Salsa"— dirige Melassa Cali, un club y tienda de vinilos en el barrio Obrero que forma parte de las rutas turísticas oficiales de la Secretaría de Cultura y la Secretaría de Turismo de la ciudad, y que cada año recibe a coleccionistas, melómanos y visitantes de todo el país durante el Festival Mundial de Salsa. Pocas historias resumen tan bien la transformación de la escena musical caleña como la de este hombre y el negocio que terminó llevando su pasión de la ilegalidad callejera al reconocimiento institucional.

Es una historia que, contada en frío, suena casi improbable: un vendedor ambulante que pasó más de una década esquivando decomisos y multas termina, dos décadas después, siendo consultado por entidades públicas sobre cómo fortalecer el turismo cultural de uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad. Pero esa trayectoria, lejos de ser una anomalía, refleja algo más amplio sobre cómo Cali ha ido reconociendo, con el paso de los años, el valor cultural de expresiones que durante mucho tiempo existieron al margen de cualquier institucionalidad formal.

De vendedor perseguido a "Julián Salsa"

La historia de Melassa Cali empieza mucho antes de que existiera el local físico que hoy ocupa en el barrio Obrero. Wílmar Hernán Tavera, su fundador, comenzó vendiendo música en la calle 14 entre carreras 7 y 8, en pleno centro de Cali, en los tumultuosos años dos mil, cuando la llegada masiva de los CD's a la ciudad generó una verdadera fiebre comercial informal. Desde un modesto puesto callejero, Tavera se destacó rápidamente por sus mezclas de salsa, atrayendo a numerosos clientes en busca de la combinación perfecta para animar sus fiestas. Fue en ese mismo lugar, en medio de la venta informal, donde nació su apodo: "Julián Salsa", el nombre con el que hoy lo reconoce toda la escena melómana de la ciudad.

Esos años en el centro no fueron sencillos. Como tantos vendedores informales de música de la época, Tavera permaneció allí durante trece años, sorteando la persecución policial habitual contra la venta de CD's piratas, un panorama que compartía con cientos de comerciantes similares en distintos puntos de la ciudad. Esa persecución no era anecdótica: implicaba decomisos frecuentes de mercancía, la pérdida de la inversión hecha en cada nuevo lote de discos y la incertidumbre constante de no saber si el negocio del día siguiente sería posible. Fue precisamente en ese entorno de precariedad e informalidad donde empezó su interés y amor genuino por la salsa y la melomanía, un amor que sobrevivió incluso cuando la llegada de nuevas tecnologías hizo que la venta de CD's fuera perdiendo terreno progresivamente.

Ese declive comercial pudo haber significado el final de la historia, pero para Julián Salsa fue apenas el punto de partida de una búsqueda más larga: la de encontrar un espacio físico y estable donde su pasión por la salsa pudiera convertirse, finalmente, en algo más que un negocio de supervivencia callejera. Intentó establecer una tienda musical en diferentes lugares de la ciudad en varias ocasiones, sin éxito, hasta que decidió viajar al extranjero y, incluso en la distancia, siguió trabajando en la idea que terminaría convirtiéndose en Melassa Cali, el proyecto que finalmente le daría estabilidad a años de búsqueda. Ese periodo de intentos fallidos, lejos de desanimarlo, parece haberle dado tiempo para refinar exactamente qué tipo de espacio quería construir quien alguna vez tuvo que salir corriendo con su mercancía bajo el brazo.

El nombre que fusiona tres palabras

Cuando por fin regresó a Cali con el proyecto más maduro, Julián Salsa creó la marca que hoy conocemos: una fusión deliberada de tres conceptos —melanina, salsa y sabor— condensados en un solo nombre, Melassa, que evoca además el sonido de la melaza y de una de las frases más repetidas del repertorio salsero clásico, "melasa mamá melasa", tomada de la canción "Caras Lindas" interpretada por el Gran Combo de Puerto Rico. Ese juego sonoro entre la melaza dulce y la herencia afroantillana de la salsa resume, en pocas letras, la identidad completa que Melassa Cali quiso construir desde el principio.

Ese tipo de nombre híbrido, construido a partir de la fusión de varias palabras con significado propio, es habitual entre proyectos culturales que buscan condensar una identidad compleja en una sola marca memorable. En el caso de Melassa Cali, el resultado logra evocar simultáneamente el origen afrodescendiente de buena parte de la tradición salsera, el género musical que le da sentido al espacio, y el sabor —tanto musical como culinario— que se puede encontrar dentro de Melassa Cali.

Para materializar esa idea, Julián Salsa eligió el barrio Obrero —cuna histórica de la salsa caleña y hoy reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Nación— y transformó una esquina que inicialmente estaba destinada a convertirse en un taller de mecánica en la realidad tangible de Melassa Cali. Esa reconversión, de taller mecánico a santuario del vinilo, resulta particularmente simbólica: el mismo barrio que vio nacer el sonido de la salsa caleña terminó albergando, décadas después, uno de los espacios que hoy preserva y transmite esa memoria sonora a nuevas generaciones.

De un taller de mecánica a templo del vinilo

Hoy, Melassa Cali funciona como una combinación poco habitual de tienda, club social y espacio de memoria cultural. En su interior, los visitantes pueden encontrar vinilos originales a la venta desde precios accesibles, así como acceso a instrumentos musicales clásicos y tornamesas para quienes buscan revivir o iniciar su propia colección. El ambiente del lugar combina la experiencia de una tienda de discos tradicional con la de un bar de barrio: bebidas frías, oferta gastronómica tradicional de la región y, sobre todo, la posibilidad de bailar al ritmo de la música que suena directamente desde los acetatos.

Recorrer los estantes de Melassa Cali se parece más a explorar una librería de segunda mano que a hacer una compra convencional: no hay un catálogo estandarizado ni precios fijos para cada categoría, sino una colección curada a lo largo de años de búsqueda, viajes y contactos dentro del mundo del coleccionismo musical. Quien llega a Melassa Cali sin prisa y dedica tiempo a revisar con calma cada hilera de discos suele encontrar, tarde o temprano, alguna sorpresa que no esperaba, ya sea una edición rara de una orquesta clásica o una portada pintada por algún artista reconocido del género.

Las reseñas de quienes han visitado Melassa Cali coinciden en varios puntos: la posibilidad de encontrar productos que no aparecen en ninguna otra tienda de la ciudad, el ambiente relajado y educativo del lugar, y la generosidad de Julián Salsa para compartir su conocimiento musical con cualquier visitante interesado, sin importar su nivel de experiencia como melómano o coleccionista. Es, en ese sentido, un espacio pensado tanto para el experto que busca una joya discográfica específica como para el curioso que simplemente quiere aprender algo nuevo sobre la historia de la salsa mientras toma una cerveza fría.

De la calle a la Ruta de la Salsa

El giro más significativo en la historia de Melassa Cali llegó cuando la institucionalidad de la ciudad empezó a reconocer su valor cultural. Hoy, Melassa Cali forma parte activa de "Lado B: la ruta del vinilo", una experiencia turística creada en 2023 por el colectivo REincarnation, con el respaldo de la Secretaría de Turismo de Cali y un reconocimiento del Ministerio de las Culturas, que recorre espacios considerados verdaderos santuarios de la salsa en la ciudad, incluyendo también el Museo Planeta Salsa y Cali Vynil. A través de esa ruta, turistas y locales visitan Melassa Cali para conocer de primera mano los relatos, sonidos y memorias que construyeron el patrimonio cultural salsero de la capital vallecaucana.

Ese tipo de reconocimiento institucional, articulado a través de una ruta turística oficial con respaldo ministerial, representa un contraste radical frente a los años en que la actividad comercial del fundador de Melassa Cali era motivo de persecución policial. El mismo Estado que antes decomisaba su mercancía en la calle hoy promociona activamente a Melassa Cali como parte del patrimonio cultural de la ciudad, un giro que reflejaría, según algunos gestores culturales, un cambio más amplio en cómo las autoridades locales entienden hoy el valor económico y turístico de las expresiones populares que durante décadas existieron al margen de cualquier reconocimiento oficial.

Julián Salsa, hoy director de la Fundación Cultural Melassa, organiza además encuentros regulares de melómanos y coleccionistas en su sede del barrio Obrero, una o dos veces al mes, donde se comparten discos, historias y descubrimientos entre amigos y apasionados por la salsa. Esos encuentros se han ampliado incluso a públicos infantiles: Melassa Cali ha sido parte activa del Encuentro de Melomanitos, Melómanos y Coleccionistas, una iniciativa que busca garantizar el relevo generacional de la cultura salsera, permitiendo que niños y jóvenes conozcan los saberes que hacen parte de este patrimonio, desde la música y el coleccionismo hasta la danza y la historia del género.

Durante el Festival Mundial de Salsa, Melassa Cali ha tenido presencia activa con estands propios donde Julián Salsa comparte su colección y su conocimiento con visitantes de todo el mundo, reforzando la idea de que el acetato, lejos de ser una reliquia del pasado, sigue vivo en Cali. Como él mismo ha explicado, desde 2022 el vinilo volvió a tomar fuerza en la ciudad: antes la gente botaba discos para comprar CD's, y ahora ocurre exactamente lo contrario, con coleccionistas y curiosos deshaciéndose de sus CD's para volver a comprar acetatos originales.

Esa institucionalización reciente no ha cambiado la esencia del proyecto: Melassa Cali sigue siendo, ante todo, el sueño personal de un hombre que empezó vendiendo música perseguido por la policía en una esquina del centro de Cali. Lo que sí ha cambiado es el reconocimiento: de la persecución informal a formar parte, con nombre propio, de la ruta oficial de turismo cultural de una ciudad que se autoproclama, con razón, la capital mundial de la salsa. "Formamos parte de la ruta, compartimos con los visitantes nuestra pasión por la melomanía, el vinilo y otras experiencias relacionadas con la salsa. Estamos aprendiendo constantemente sobre este ritmo musical y trabajando con la Secretaría, para fortalecer el turismo en el barrio Obrero y convertirnos en vigías de la salsa como patrimonio", ha explicado el propio Julián Salsa sobre el papel que quiere que cumpla Melassa Cali de aquí en adelante.

Ese objetivo declarado —convertirse en "vigías de la salsa como patrimonio"— resume bien hacia dónde apunta Melassa Cali en los próximos años: no conformarse con ser un destino turístico más dentro de una ruta cultural, sino asumir un rol activo en la preservación y transmisión de un patrimonio que, sin espacios como Melassa Cali, correría el riesgo de quedar reducido a la nostalgia de quienes ya lo vivieron, en lugar de seguir siendo una tradición viva para las próximas generaciones de melómanos caleños.

Para cualquiera que visite Cali buscando algo más que una discoteca convencional, Melassa Cali ofrece una experiencia distinta: la de sentarse frente a un tocadiscos, escuchar la aguja recorrer los surcos de un acetato original y aprender, de la voz de alguien que lo vivió desde la calle, por qué la salsa sigue siendo, después de tantas décadas, el idioma que mejor habla Cali de sí misma. Esa es, en el fondo, la mejor razón para visitar Melassa Cali al menos una vez.

🗺 Ubicación

📍 Cra. 11b #24-59

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