
Hay una línea recta, aunque parezca imposible, entre las calles del barrio El Diamante, en el sector de Aguablanca —uno de los más golpeados por la pobreza en Cali—, y el escenario del Super Bowl de 2020, donde Jennifer López bailó rodeada de coreografías dirigidas por un caleño que empezó a bailar salsa en las calles de su barrio. Esa línea tiene nombre propio: Luis Eduardo Hernández, más conocido en todo el mundo de la salsa como "El Mulato", fundador de El Mulato Cabaret Cali, considerado hoy la sala de espectáculos número uno de Colombia y uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad.
Pocas historias personales resumen tan bien el poder transformador del baile como la de Hernández: un niño de uno de los sectores más estigmatizados de la ciudad que, sin academias formales ni recursos económicos de partida, terminó convirtiéndose en referente mundial de la salsa caleña, coreógrafo de una de las artistas pop más famosas del planeta, y dueño de un cabaret que hoy se compara, sin exageración, con los templos históricos del espectáculo latinoamericano. Entender ese recorrido completo es la única forma de comprender por qué El Mulato Cabaret Cali significa mucho más que una simple noche de show para quienes conocen la historia detrás del escenario.
Luis Eduardo Hernández nació y creció en el barrio El Diamante, dentro del extenso sector de Aguablanca, una de las zonas de Cali con mayores índices históricos de pobreza y exclusión social. Fue justamente en ese entorno, lejos de cualquier academia formal o escuela de danza reconocida, donde Hernández empezó a bailar salsa, el mismo género musical que terminaría convirtiéndolo, décadas después, en una de las figuras más reconocidas del baile latino a nivel mundial. Su apodo, "El Mulato", se lo puso nada menos que Laíto, el legendario cantante de la Sonora Matancera, durante una presentación en Juanchito, el histórico corredor de baile salsero a las afueras de Cali.
Ese origen en Aguablanca no es un detalle anecdótico dentro de la historia de El Mulato Cabaret Cali: es, en buena medida, la clave para entender por qué el proyecto se ha convertido en un símbolo tan potente para miles de bailarines caleños que provienen de contextos igualmente difíciles. Hernández ha sido descrito, en distintos medios, como un embajador de los bailarines que salen de las barriadas más pobres y deprimidas de la ciudad, una descripción que él mismo ha respaldado con hechos concretos a lo largo de toda su carrera.
En 1991, todavía joven, Hernández fundó Swing Latino, la academia de baile que con el tiempo se convertiría en una de las escuelas de salsa más laureadas del planeta. Ese mismo año marcó el inicio de una carrera que acumularía, con el paso de las décadas, siete campeonatos mundiales de salsa, además del reconocimiento como el primer juez internacional de salsa caleña certificado a nivel mundial. En 2009, Swing Latino arrasó en las categorías de grupo cabaret y parejas del Festival Mundial de Salsa celebrado en Cali, y ese mismo año repitió el primer lugar en la categoría grupo cabaret en un certamen realizado en Orlando, Estados Unidos, organizado por World Salsa Champions.
Ese palmarés, acumulado durante más de treinta años de carrera activa como bailarín, instructor y coreógrafo, convirtió a Hernández en una autoridad indiscutida dentro del estilo de salsa caleña, un género con reglas técnicas propias y una identidad claramente diferenciada de otros estilos de salsa que se bailan en el resto del continente. Esa autoridad técnica terminaría siendo, años después, la que lo llevaría a trabajar con algunas de las figuras más reconocidas de la música pop internacional.
La proyección internacional de Luis Eduardo Hernández, y por extensión de El Mulato Cabaret Cali, alcanzó un punto especialmente alto cuando el cantante puertorriqueño Marc Anthony lo presentó en Los Ángeles a Jennifer López, en ese entonces su esposa. Desde ese encuentro, ocurrido hace más de quince años, el coreógrafo caleño no ha dejado de trabajar con la artista del Bronx alrededor del mundo. Esa colaboración llegó a su punto más visible en el Super Bowl LIV de 2020, cuando bailarines formados en la escuela de Hernández acompañaron a Jennifer López en uno de los espectáculos de medio tiempo más vistos de la historia de la televisión estadounidense.
Ese tipo de colaboración sostenida durante más de una década, y no un encuentro puntual y aislado, confirma que la relación entre Hernández y una de las estrellas pop más reconocidas del mundo no fue una casualidad mediática, sino el resultado de un nivel técnico que la propia industria del entretenimiento internacional reconoció y siguió buscando repetidamente a lo largo de los años. Pocos coreógrafos latinoamericanos, y mucho menos formados fuera de los circuitos tradicionales de danza, logran mantener ese tipo de vínculo profesional con figuras de ese calibre durante tanto tiempo.
Ese no fue el único hito internacional de la compañía: los bailarines de Swing Latino también participaron junto a López en los premios Grammy de 2019, y en 2017 compitieron en el programa de televisión "World of Dance", producido por Jennifer López y transmitido en Estados Unidos, donde terminaron en tercer lugar. A lo largo de su carrera, Hernández ha recorrido alrededor de 130 países llevando su arte, desde España y Cuba hasta Japón y las Maldivas, esta última con una anécdota que él mismo suele contar entre risas: un viaje de 24 horas para una actuación de apenas dos minutos.
Ese reconocimiento internacional no ha pasado desapercibido para las instituciones colombianas: el Ministerio de Cultura y la iniciativa de Economía Naranja distinguieron a Hernández como referente del sector, en un país donde pocas veces el baile popular recibe ese tipo de reconocimiento formal por parte del Estado.
El primer Mulato Cabaret Cali abrió en 2010 en unas instalaciones del barrio El Cedro, donde hoy funciona la academia Swing Latino. Durante siete años, ese primer espacio recibió a más de doce mil visitantes, sirviendo de testigo a procesos coreográficos de talla internacional antes de que Hernández decidiera construir un proyecto más ambicioso. En diciembre de 2017 se inauguró la sede actual de El Mulato Cabaret Cali, descrita por sus propios creadores como el primer cabaret latino de Colombia, tras un proceso de construcción que tomó aproximadamente ocho meses y que resultó en un espacio con capacidad para 800 personas.
Esa decisión de pasar de un espacio modesto a un edificio construido específicamente para funcionar como cabaret, con toda la infraestructura técnica que ese formato exige, representó una apuesta financiera considerable para un proyecto que, apenas siete años antes, operaba en instalaciones mucho más sencillas. El resultado, sin embargo, terminó consolidando a El Mulato Cabaret Cali como un referente que trasciende ampliamente el ámbito de la academia de baile que le dio origen.
Esa ambición no pasó inadvertida para la crítica cultural del país. El columnista Fabio Martínez, en una reflexión publicada por El Tiempo, situó explícitamente el trabajo de Hernández dentro de la tradición histórica de los grandes cabarets latinoamericanos, encabezada por el mítico Tropicana de La Habana, ubicado en el barrio de Marianao y considerado el mejor cabaret de toda América. Por el escenario de Tropicana, fundado casi ochenta años atrás, pasaron figuras de la talla de Rita Montaner, Nat King Cole, Bola de Nieve, y los pianistas Bebo y Chucho Valdés. Que un cronista cultural colombiano estableciera ese paralelo directo con El Mulato Cabaret Cali confirma la magnitud del proyecto dentro del panorama del espectáculo latino contemporáneo.
Ese paralelo con Tropicana no es solo un elogio retórico: apunta a una tradición específica del entretenimiento latinoamericano, la del cabaret como espacio donde convergen música en vivo, coreografía de gran formato y una puesta en escena pensada para el asombro visual, un modelo que en Colombia había tenido muy poco desarrollo antes de la llegada de proyectos como este.
Más allá de su función como plataforma para Swing Latino, El Mulato Cabaret Cali fue concebido también con un propósito social explícito: servir de tarima para escuelas de salsa más pequeñas de la ciudad que no cuentan con un espacio propio donde mostrar su trabajo coreográfico al público. "Estamos pensando en las escuelas de Cali que no tienen un espacio para mostrar sus coreografías a la gente", ha explicado el propio Hernández sobre esa vocación del proyecto, que combina música, baile, gastronomía y distintas expresiones artísticas dentro de un mismo show semanal.
Ese componente de responsabilidad social conecta directamente con el origen personal de Hernández: un bailarín formado fuera de cualquier circuito formal, que hoy ofrece a otros bailarines de origen similar la oportunidad de mostrarse ante un público amplio, algo que él mismo no tuvo disponible cuando empezaba en las calles de Aguablanca. Cada ocho días, distintas academias de baile de la ciudad tienen la posibilidad de presentarse en el escenario de El Mulato Cabaret Cali, ampliando el alcance del proyecto mucho más allá de la compañía fundadora.
Las reseñas sobre El Mulato Cabaret Cali reflejan experiencias notablemente distintas entre sí. Muchos visitantes describen el show como una experiencia espectacular, con decenas de bailarines talentosos, energía desbordante y ese "sabor caleño auténtico" que consideran imposible de replicar en otro lugar del mundo. Otros comentarios, sin embargo, señalan problemas de servicio: meseros que desaparecen durante buena parte de la noche pero insisten en el pago de propina, volumen de altavoces considerado excesivo, restricciones para bajar a bailar en ciertas zonas, y quejas puntuales sobre eventos especiales mal organizados, con tiempos de espera largos antes de que empezara el espectáculo.
Esa combinación de elogios al nivel artístico del show y críticas al servicio operativo es habitual en venues de gran capacidad que combinan espectáculo en vivo con servicio de restaurante y bar simultáneamente, un modelo logísticamente exigente que no siempre logra sostener el mismo nivel de calidad en todas sus funciones. Gestionar al mismo tiempo un elenco de veinte bailarines profesionales, un servicio de restaurante para varios cientos de comensales y una producción técnica de luces, sonido y pantallas gigantes exige una coordinación que pocos negocios de entretenimiento nocturno en Colombia intentan sostener a esa escala.
Lo que ninguna reseña pone en duda es la calidad técnica del espectáculo de baile en sí: la destreza de los bailarines de Swing Latino, formados bajo la dirección de un siete veces campeón mundial, aparece mencionada de forma prácticamente unánime como el punto más fuerte de la experiencia. Esa consistencia en la valoración del componente artístico, incluso entre quienes tuvieron experiencias negativas con el servicio, confirma que la base sobre la que se construyó El Mulato Cabaret Cali —el talento dancístico de su fundador y su compañía— sigue siendo, después de más de una década, el pilar más sólido del proyecto.
Del barrio El Diamante al Super Bowl, pasando por 130 países y un cabaret que hoy se compara con el legendario Tropicana de La Habana, la historia de Luis Eduardo Hernández y de El Mulato Cabaret Cali confirma algo que pocos proyectos culturales logran demostrar con esa claridad: que el talento nacido en los barrios más golpeados de una ciudad puede terminar, con la disciplina suficiente, representando a esa misma ciudad frente al mundo entero.
📍 Cra 32#7-43