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Zaperoco Cali: el templo de la salsa que sus propios clientes salvaron de cerrar para siempre

🏢 Discoteca de Salsa, Discotecas 📍 San Vicente 🕒 Av. 5 Nte. #16-46

Sobre este lugar

Zaperoco Cali

En abril de 2021, Cali recibió una noticia que muchos describieron, sin exagerar, como un duelo. Zaperoco Cali, la salsoteca que durante 27 años había sido escenario de leyendas de la salsa, cerraba sus puertas de manera definitiva, incapaz de sostener el peso económico de la pandemia. Periodistas, melómanos y hasta figuras públicas lamentaron la noticia en redes sociales como si se tratara de una muerte real. Lo que pocos imaginaban entonces es que, tres meses después, ese mismo público doliente terminaría siendo el responsable de traer de vuelta a la vida al que muchos llaman, sin ironía, el templo de la salsa de Cali.

Pocas historias de negocios nocturnos en Colombia combinan tantos elementos dramáticos en tan poco tiempo: una fundación modesta de tres amigos, una crisis interna que casi acaba con el proyecto antes de tiempo, una familia que llegó a rescatarlo por convicción cultural más que por ambición comercial, un cierre que se sintió como pérdida colectiva, y una reapertura financiada, literalmente, por quienes se negaron a dejarlo desaparecer. Contar esa historia completa es la mejor manera de entender por qué Zaperoco Cali sigue siendo, más de tres décadas después de su fundación, un nombre que provoca respeto instantáneo entre cualquier salsero de la ciudad.

1993: tres amigos y una esquina

La historia de Zaperoco Cali empieza en 1993, cuando un trío de amigos amantes de la salsa decidió inaugurar, en una esquina de la Avenida 5 Norte con Calle 16, en el barrio San Vicente, una salsoteca modesta sin mayores pretensiones. En aquel momento, nadie podía anticipar que ese pequeño local terminaría convertido, tres décadas después, en una de las paradas obligadas de la vida nocturna caleña, reconocida incluso por medios internacionales como The New York Times, que la incluyó entre los sitios recomendados para visitar en la ciudad.

Ese contexto de fundación —un pequeño grupo de amigos apasionados montando un negocio a partir de un gusto compartido, sin mayor planeación empresarial— es habitual entre los espacios de salsa más queridos de Cali, muchos de los cuales nacieron de forma igualmente improvisada antes de consolidarse como referentes culturales. Lo que distinguió a Zaperoco Cali del resto fue la combinación particular de ubicación, música y comunidad que logró construir en sus primeros años de funcionamiento.

Ese primer Zaperoco Cali ya tenía, según quienes lo frecuentaron en sus primeros años, la semilla del templo salsero en el que se convertiría más adelante: paredes cubiertas de iconografía musical, un DJ que ponía a bailar a la gente a punta de vinilos, y un ambiente donde la conversación sobre compositores, arreglistas y orquestas era tan importante como el baile mismo.

La familia que llegó a rescatar un templo en decadencia

El destino de Zaperoco Cali cambió drásticamente cuando, tras el fallecimiento de uno de los tres socios fundadores, el negocio quedó, en palabras de quienes lo vivieron, "de capa caída". Fue en el año 2000 cuando Johanna Cote y su esposo Mauricio Levy recibieron la oportunidad de hacerse cargo del negocio, una propuesta que, según ha contado la propia Johanna, vieron más como un compromiso cultural que como una oportunidad comercial convencional.

La realidad que encontraron distaba mucho de un negocio próspero: Zaperoco Cali debía siete meses de arriendo, no había pagado a Sayco y Acinpro (las entidades que regulan los derechos de autor musical en Colombia) ni a la Cámara de Comercio en años, y arrastraba deudas con Industria y Comercio. La pareja, junto con su hijo David Levy, asumió turnos en la barra y en las mesas, e incluso Mauricio llegó a poner la música personalmente en más de una ocasión, en un esfuerzo familiar que tomó cerca de dos años antes de empezar a ver resultados claros.

Ese tipo de compromiso personal y económico, sostenido durante años antes de ver un retorno claro, es poco habitual en la gestión de negocios nocturnos, donde la rentabilidad suele exigirse en plazos mucho más cortos. Que la familia Levy Cote haya decidido apostar por un horizonte de recuperación de varios años, en lugar de abandonar el proyecto ante las primeras dificultades heredadas, terminó siendo decisivo para que Zaperoco Cali sobreviviera esa primera crisis interna.

Ese proceso de reconstrucción incluyó una decisión clave: encontrar al DJ perfecto para la identidad del lugar. Así llegó Osman Arias, quien terminaría convirtiéndose, durante más de dos décadas, en el rostro sonoro de Zaperoco Cali, reconocido por su conocimiento profundo de la salsa clásica, su manejo del vinilo y su capacidad para programar noches que combinaban clásicos de siempre con hallazgos que solo un verdadero melómano podía rescatar del olvido. Con Osman como protagonista, y con el diseño del espacio renovado poco a poco, la familia Levy Cote logró transformar Zaperoco Cali en el "templo de la salsa" que la ciudad reconoce hoy.

El cierre que dolió como un luto

Casi tres décadas después de su fundación, la pandemia de covid-19 puso a prueba la supervivencia de Zaperoco Cali de una forma que ninguna crisis anterior había logrado. Las restricciones de movilidad, sumadas a la ausencia de apoyo estatal específico para el sector nocturno, llevaron a más de 400 discotecas de Cali a cerrar durante 2020 y comienzos de 2021, según cifras oficiales de la Cámara de Comercio. Zaperoco Cali resistió más que muchos, pero finalmente, el 8 de abril de 2021, sus propietarios anunciaron en redes sociales que, después de 27 años, cerraban sus puertas de manera definitiva.

David Levy, entonces administrador del lugar, explicó públicamente su frustración con la forma en que las autoridades gestionaban las restricciones: señaló que, ante cualquier pico de la pandemia, lo primero que se cerraba eran las discotecas y los negocios nocturnos, sin reconocer que espacios como Zaperoco Cali no eran solo entretenimiento, sino "estandartes de unas dinámicas culturales de la ciudad". Esa tensión entre las medidas sanitarias necesarias y el reconocimiento del valor cultural de la vida nocturna marcó buena parte del debate público alrededor del cierre.

La noticia generó una ola de tristeza pública poco habitual para el cierre de un negocio nocturno. El periodista y biógrafo Humberto Valverde, quien había colaborado durante años con la casa organizando las llamadas "Descargas Zaperoco" —encuentros de músicos con directores rotativos—, lamentó la noticia casi entre lágrimas, describiendo al lugar como parte de su propia vida y de la historia de la ciudad. Osman Arias, el DJ que llevaba dos décadas al frente del sonido del lugar, recibió la noticia con la misma sorpresa que el resto del público. Figuras de la política, el arte y la cultura de Cali expresaron públicamente su dolor, y publicaciones especializadas en salsa describieron el cierre como "un golpe duro al alma de una ciudad salsera".

Camisetas, instrumentos y la reapertura que la ciudad pagó

Lo que ocurrió después es, probablemente, el capítulo más revelador de toda la historia de Zaperoco Cali. En lugar de resignarse al cierre definitivo, la comunidad de clientes, melómanos y bailadores que durante años había hecho del lugar su segunda casa decidió movilizarse para salvarlo. Durante tres meses, la familia Levy Cote organizó la venta de camisetas conmemorativas, instrumentos musicales y otros recuerdos relacionados con la historia del lugar, además de recibir aportes directos de quienes querían contribuir a que Zaperoco Cali volviera a abrir sus puertas.

Ese modelo de financiación, básicamente un ejercicio de crowdfunding informal sostenido por el afecto de una comunidad y no por una plataforma digital estructurada, resultó efectivo en un contexto donde muchos otros negocios similares no lograron sobrevivir. La diferencia, según coinciden varios relatos de la época, no estuvo en un plan de negocios superior, sino en el vínculo emocional que Zaperoco Cali había construido con su público durante casi tres décadas, un capital que ningún balance contable logra medir con precisión pero que resultó decisivo en el momento más difícil de su historia.

El esfuerzo dio resultado. En julio de 2021, David Levy anunció públicamente la reapertura: "muy contentos nosotros después de todo este apoyo que hemos recibido de todo el personal que asiste a Zaperoco, que quiere a Zaperoco, logramos cumplir con un objetivo, a punta de vender camisetas, instrumentos, de hacer diversas cositas, de recibir aportes, decidimos volver a hacer la reapertura de Zaperoco", declaró en su momento. La familia definió esa reapertura como una forma de cumplir su responsabilidad con Cali y con la salsa, retomando un legado que para entonces ya sumaba 28 años de historia ininterrumpida, salvo por ese paréntesis forzado de tres meses.

Ese episodio de financiación colectiva, protagonizado por clientes habituales dispuestos a pagar por camisetas e instrumentos solo para asegurar que el lugar siguiera existiendo, es poco común en la historia reciente de la vida nocturna colombiana. Refleja algo que trasciende el simple negocio: para buena parte de sus visitantes, Zaperoco Cali había dejado de ser solo un bar hacía mucho tiempo, para convertirse en un espacio de memoria colectiva que la ciudad no estaba dispuesta a dejar desaparecer sin pelear por él.

El templo hoy: descargas, leyendas y turistas

Hoy, Zaperoco Cali continúa operando los jueves, viernes y sábados, especializado en salsa dura y clásica, con presentaciones de orquestas en vivo los jueves y sesiones de DJ el resto de la semana. Por su tarima y su barra han pasado figuras de la talla de Ismael Miranda, Roberto Roena, Richie Ray y Bobby Cruz, y Yuri Buenaventura, además de referentes de la música del Pacífico colombiano como Hugo Candelario y Esteban Copete, quienes solían pasar por el lugar después de sus presentaciones en el Festival Petronio Álvarez. El espacio también sirvió como plataforma de lanzamiento para talento local emergente, incluida la reconocida agrupación La Mambanegra.

Esa capacidad de atraer tanto a leyendas consolidadas de la salsa internacional como a proyectos emergentes de la escena local es, en sí misma, poco habitual: la mayoría de los venues de este tipo tienden a especializarse en uno de los dos perfiles, ya sea como espacio de nostalgia para grandes figuras o como plataforma de descubrimiento para artistas nuevos. Zaperoco Cali ha logrado sostener ambos roles simultáneamente durante más de tres décadas.

Las "Descargas Zaperoco", esas jornadas de encuentro entre músicos que Umberto Valverde ayudó a consolidar, siguen siendo parte de la identidad del lugar, reuniendo a pianistas, percusionistas y trompetistas bajo la dirección rotativa de distintos músicos de la escena caleña. Para los visitantes actuales, tanto locales como turistas, Zaperoco Cali sigue funcionando como lo que siempre fue: un espacio pequeño, sin lujos ni pretensiones, donde lo único que importa es la calidad de la música y la posibilidad de bailar salsa dura exactamente como sonaba hace treinta años.

Ese contraste entre la sencillez física del lugar y el peso simbólico que carga es, quizás, la mejor explicación de por qué la ciudad se movilizó para salvarlo en 2021. Zaperoco Cali nunca fue el bar más grande ni el más lujoso de la ciudad; fue, simplemente, el lugar donde varias generaciones de caleños aprendieron a distinguir un son montuno de un guaguancó, donde nacieron amistades y romances al ritmo de la salsa, y donde, cuando pareció que todo iba a terminar, la propia ciudad decidió que ese final todavía no le tocaba.

🗺 Ubicación

📍 Av. 5 Nte. #16-46

📲 +573155201370

🌐 https://www.zaperocobar.co/

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